miércoles 7 de diciembre de 2011

11-13

Cuando me enteré que parte de mi tiempo completo en el trabajo incluiría a dos grupos de estudiantes de secundaria honestamente sentí que la idea estaba fuera de lugar para alguien con mi perfil. Aún así no había otra opción, era o tomar todo el puesto o no tomar nada.

Ya han pasado dos meses desde que entré a este lugar y debo confesar que de todos mis grupos a los que les doy clase los de secundaria son los que me han colgado de uñas en la pared. Me sorprende la capacidad que tienen de absorber información, de su potencial para apreciar la música y el mundo que les rodea. A diferencia de mis alumnas de universidad, mis chicos de secundaria están llenos espontaneidad, son bilingues y tienen preferencias tan particulares definidas que parecería que tienen 50 años de edad.
Cada día que pasa aprendo algo nuevo de ellos, me sorprenden con algún comentario y me pregunto... ¿Quien es más adulto o más maduro? ¿Ellos o yo?

Yo les enseño el mundo de las reglas que tanto me costó aprender... ellos me enseñan a sonreír de nuevo, me muestran la frescura de descubrir cosas y de vivir a full.

¿Quién le enseña más a quién?

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