La lluvia cae a cantaros en la ciudad y el callejón a donde me metiste parece interminable y magnífico. Mi corazón va al ritmo del beat electrónico que se queda atrás, mi ropa se empapa y mi piel descansa del calor infernal de verano. Pisamos la mezcla de vómito, orina y semen que se esparce en lo oscuro, nuestro camino es el más fétido... lo ha sido siempre. Nada pasa cuando tienes ganas de encontrar, te tengo enfrente de mí, el premio de mi noche, con tu sonrisa de película, tu chamarra de cuero y tu cerebro más excelso que el de Volpi. ¿Pero qué encontrar? Me pasa por mi mente drogada mientras te alusino. La única respuesta aparece cuando veo la tranquilidad de las masas que caminan lentamente como una gran mancha que ensucia mis posibles respuestas, incluso las más obvias. Esa mancha vieja de doscientos años de edad que vive entre fútbol, tabaco, drogas y una guerra que todos ignoran. Esa mancha que amo, que odio, que escapo, que me retuerce la mente. Este callejón...