Room 231
Di vueltas por los pasillos como por una hora, las piernas me dolían de tanto insistir, pero hasta en ese dolor encuentro placer cuando busco como desesperado. Esa noche te vi sentado en uno de esos rincones obscenos, en ti se reflejaba la luz de los televisores con pornografía bareback. Frente a ti en ciclullas se encontraba un señor gordo y velludo que te comía el falo con desesperación, como experto, como si se le fuera a acabar el mundo. No pude negarme a esa imagen, esa perfecta yuxtaposición de fealdad con hermosura, ese olor a sexo combinado con olor a baño y colonia masculina... Tú, abriendo la boca a todo lo que da, entregado al placer que te proporcionaba ese viejo. Tú, tan hermoso y perfecto, él tan común, tan repugnante. Tuve que hacer algo inmediatamente, no podía tolerar esa escena sin mí, así que me senté a tu lado y los observé, refugiados en su desesperado encuentro. Te acaricié el pecho, te comencé a besar el cuello y te dije sin perder un segundo --Vamos a ...